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sábado, 22 de octubre de 2011

ALIENADOS EN LA ALIMENTACIÓN.

Por: Antonio Elizalde, Sociólogo y doctor en Desarrollo Humano y Participación Social Rector Emérito de la Universidad Bolivariana de Chile
La tendencia al monocultivo domina hoy la agricultura globalizada. Siembras de solo una especie conllevan un potencial riesgo fitosanitario. El llamado “granero” de las naciones es rico en grano pero pobre en genes.

El mercado globalizado estandariza los gustos de los consumidores y le apuesta a homogeneizar los cultivos, un riesgo para la diversidad genética. - Víctor Manuel Holguín / Unimedios

Durante miles de años, los seres humanos hemos experimentado diversas maneras de habitar un territorio y vivir en común, de encontrar y luego producir alimentos, de lenguajes para describir los mundos internos y externos y compartirlos con otros, de construir viviendas e infraestructuras, de transmitir a las nuevas generaciones la experiencia adquirida, de crear instituciones que regulen la vida en comunidad. Las actuales formas de vida son producto de la evolución cultural.

Solo hace ocho mil años, cuando se descubrió que las semillas recolectadas se convertían en plantas que crecían tan bien como las silvestres, se inició el cultivo y la domesticación de especies vegetales. Esto hizo posible el desarrollo de una economía hortícola. Después, el Homo sapiens desarrolló técnicas de siembra, produciéndose un cambio en la relación con el entramado de la vida y la naturaleza.

A la domesticación de las plantas siguió la de los animales, la superación de la condición de cazadores recolectores y su transformación en campesinos. Recién hace tres mil años la invención del arado, que usa otra energía además de la propia para remover la tierra, permitió el surgimiento de una economía agrícola, en la cual una fracción creciente de la población comenzó a hacer algo distinto a solo obtener alimento. La economía industrial hizo su aparición hace un par de siglos y la generalización del modo de vida urbano es reciente.

Casi un cuarto de millón de plantas es ofertado en el mundo, muchas incorporadas en nuestra dieta. En un área limitada en diversidad botánica como América del Norte, los indígenas se alimentaron de 1.112 especies diferentes, y aún hoy, los bosquimanos en las regiones áridas de África del Sur usan en una comida normal 85 vegetales silvestres1.

Cultivar y sus técnicas cambiaron esta realidad, y la humanidad solo ha podido incorporar menos de 1.500 alimentos en la agricultura formal. A finales de 1920, una tienda de comestibles típicos de Canadá ofrecía 900 diferentes productos. Hoy, una promedio tiene 12.000, incluyendo más de 50 cereales para el desayuno. Sin embargo, solo 30 cultivos proveen el 95% de los requerimientos nutricionales humanos (tres cuartas partes de la dieta se basan en solo ocho cultivos), y el 75% de consumo de cereales se reduce al arroz, el trigo y el maíz.

Homogeneización vs. diversificación

Importantes restricciones de la producción incrementan el riesgo de la vulnerabilidad, debido a la gran uniformidad genética que la homogeneización comercial ha impuesto. Ello sucede a pesar de que los agrónomos son conscientes de la situación.

En noviembre de 1979, los genetistas K. E. Prasada Rao y M. H. Mengesha recorrieron Sudán, posible centro del origen del sorgo, buscando los parientes silvestres de esta gramínea. Al final, no encontraron la variedad hegaris en todas las muestras tomadas y escasamente hallaron la variedad zera-zera “casi al borde de la extinción”, cerca de Damazin.

El sorgo es de gran importancia en los países tropicales y subtropicales, y el zera-zera es muy apreciado por su rendimiento y por ser la base de la mayoría de las modernas variedades híbridas. “Los botánicos del germoplasma están alarmados por la magnitud de la erosión genética de los cultivares primitivos y la situación es más alarmante para los sorgos silvestres”, sostienen Rao y Mengesha.

Durante el último medio siglo, en la India han crecido probablemente más de 30.000 diferentes variedades locales de arroz. La situación cambió drásticamente en los últimos 15 años. El director de investigación agrícola del Instituto de la India en Nueva Delhi, H. K. Jain, predijo hace unos 25 años que esta enorme diversidad de arroz se reduciría en ese lapso a no más de 50 variedades, de las cuales las diez primeras representarían casi tres cuartas partes de la superficie de arroz del subcontinente.

Los consumidores han sido educados por el mercado a comprar productos “naturales”, absolutamente normalizados y estandarizados en tamaño, sabor y color. Cada vez se reducen más las posibilidades comerciales de las especies no favorecidas para la producción en escala, quedando al mero autoconsumo en localidades aisladas y al margen de las tendencias mundiales.


Tensión entre globalización y localización productiva

La tendencia al monocultivo domina hoy la agricultura global. Siembras de solo una especie y una variedad implican un potencial riesgo fitosanitario que como una peste podría afectarla y potenciar la expansión de la enfermedad.

La experiencia dice que cuando las semillas de una cosecha se alejan de su “patria” genética, se experimenta una disminución de la diversidad, lo que ha conllevado desastres. Hace un siglo, el redescubrimiento de las leyes de Mendel sobre la genética concibió la ciencia de fitomejoramiento moderno, esa que creó unas pocas variedades de cultivos de alto rendimiento, borrando, en unas décadas, la poca diversidad genética que existía en el hemisferio norte.

Las nuevas variedades fueron científicamente “diseñadas” para satisfacer los exigentes requisitos de la cosecha mecánica, la molienda, fermentación y horneado, pero su uniformidad ha aumentado el riesgo de enfermedades. Los criadores de semillas “mejoradas” consideraron necesario el viaje de regreso a los antiguos centros de la diversidad genética en Asia, África y América Latina, con el objetivo de garantizar el éxito de sus variedades. El llamado “granero” de las naciones es rico en grano pero pobre en genes y, así, totalmente dependiente de la agricultura del Tercer Mundo para la supervivencia a largo plazo de la agricultura occidental.

Esas razones se esgrimen para mirar hacia la “rémora” de lo rural, desde una perspectiva distinta a la modernizante. Hay que encontrar respuestas a los desafíos planteados en las agriculturas ecológica, biodinámica, indígena, familiar, campesina y todos los diversos tipos de agricultura natural, que buscan el equilibrio con el ecosistema y a su vez producciones agrícolas sostenibles, mantenidas a lo largo del tiempo en distintas regiones del mundo, a pesar de las tendencias actuales que ponen en riesgo la seguridad alimentaria.

1 Development dialogue. The Law of the Seed - Another Development and Plant Genetic Resources, 1983, pp. 1-2.
Fuente: UN Periodico, Edición Impresa No. 149. Universidad Nacional de Colombia.