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viernes, 28 de junio de 2013

PALMAS PINDÓ Y MOCORA, DE LA SABIDURÍA POPULAR A LA CIENCIA.

25 de Mayo de 2013.
Por: Harrison Rentería, Unimedios.

A pesar de su extenso uso ancestral en comunidades campesinas e indígenas de Amazonas y Chocó, hasta ahora la ciencia caracterizó las propiedades de dos particulares especies palmíferas que podrían convertirse en el sustento económico de muchas familias.

Gracias a 64 familias botánicas, conformadas por 277 géneros (218 de árboles y 59 de palmas) y 412 especies (312 de árboles y 100 de palmas) –una colección considerada como un importante patrimonio ambiental de la región y del país–, el campus de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín no deja de darles sorpresas a los botánicos y amantes de la naturaleza.


Allí, camufladas entre cientos de vegetales, investigadores de la sede hallaron dos especies de palmas que no habían sido reportadas científicamente, a pesar de tener un largo historial de uso entre comunidades indígenas y campesinas. Esto es sorprendente, pues este tipo de plantas palmíferas han estado en el ojo de los industriales por sus multifacéticas propiedades. 
Se trata de la pindó (Syagrus romanzoffiana) y la mocora (Astrocaryum standleyanum), que tienen un potencial tan alto como sus tallos (llegan a alcanzar los 18 metros de altura). 
Benjamín Rojano, director del grupo de investigación en Química de los Productos Naturales y los Alimentos, de la Facultad de Ciencias de la sede, cuenta que, si bien una planta puede tener un uso extendido en las comunidades (tanto cultural como etnobotánico), puede no tener un reporte científico en cuanto a las propiedades químicas de los tallos, semillas y pulpa. 
Después de revisar cientos de registros bibliográficos, bases de datos nacionales e internacionales, buscadores especializados en la web, revistas científicas y el amplio registro de la UN, los científicos no encontraron información acerca de su composición y estabilidad química.
Esto es extraño, dado que son muy comunes como ornamentos y hasta como alimento para algunos grupos indígenas del Amazonas y del Choco, de donde son oriundas. 
 
 
Manos a la obra 
Desde hace dos años –cuando las detectaron por primera vez adornando los predios de la UN–, fue inmenso el panorama que se les abrió a los expertos. Así que comenzaron a estudiar en el laboratorio su composición orgánica y la manera de extraer aceite de sus semillas.
Encontraron que los grandes racimos de semillas, de doce kilogramos cada uno, son ricos en omega 3, 6 y 9. “Estos son ácidos grasos esenciales para el funcionamiento corporal humano. Además, tienen potencial cosmético, para fabricar labiales,  bloqueadores solares, jabones, así como alimentario, para frituras, repostería y sustitutos lácteos”, detalla Dorely David Gómez, investigadora del grupo.
El profesor Rojano, consciente de que Colombia tiene la más alta diversidad de palmas del mundo, asegura que se pueden encontrar especies alternas para la industria cosmética y alimentaria que incluso pueden competir con ejemplares de Brasil, que generan grandes dividendos económicos.
En el territorio nacional hay varias promisorias, como la naidí (Euterpe oleracea) y el corozo costeño (Bactris guineensis), a las cuales ahora se suman el pindó y la mocora. Todas han sido estudiadas científicamente en la UN. “Estas podrían convertirse en fuente de biocombustibles”, destaca. 
Del Amazonas a Antioquia 
¿Cómo llegaron estos exóticos ejemplares amazónicos al Valle de Aburrá? Todo fue gracias al agrónomo León Morales Soto, uno de los mayores expertos del país en palmas y especies arbóreas. Hace dieciocho años trajo las semillas desde las selvas del sur del país y del Pacífico colombiano.
De hecho, él y su esposa, la profesora Teresita Varón, son responsables de buena parte de la riqueza natural del jardín botánico en el que se convirtió el campus de la UN en Medellín.
Morales indica que campesinos y comunidades indígenas utilizaban las hojas y la madera del pindó para levantar construcciones. La mocora (originaria de Brasil) es común como planta ornamental a nivel urbano y se la comercializa con los nombres de palma de azúcar o palma reina. 
Riqueza para todos 
En el país, la investigación en palmas aún es escasa y está restringida a solo algunos géneros comerciales. No obstante, la UN, a través de grupos del Instituto de Ciencias Naturales y, principalmente, del de Química de los Productos Naturales ha publicado 74 artículos científicos y ha desarrollado diversos proyectos.
El profesor Rojano sugiere que este tipo de indagaciones y hallazgos pueden impulsar el sector palmífero del país: “sería ideal que los campesinos pudieran tener cultivos extensos de estas otras palmas y que no se quedaran solo en manos de los industriales”.
El profesor Morales agrega: “Desafortunadamente, el descuido es muy grande, porque ellas están en selvas y bosques muy primarios que están siendo talados sin misericordia en regiones como la Amazonía y el Atrato (Chocó). En la conservación de esa riqueza nos ha ido mal, al igual que en su conocimiento”.
Por tal motivo, el potencial científico y económico de la pindó, la mocora, la naidí y otras especies aún por describir comienza a abrirse campo desde la UN.
Fuente: UN Periódico Edición No. 166. Universidad Nacional de Colombia.