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lunes, 12 de mayo de 2014

BALSO NEGRO EXTINGUE ABEJAS EN SANTANDER.

12 de ABRIL de 2014.
Por: Giovanni Clavijo Figueroa, Unimedios

Hasta 900 mil insectos por hectárea están muriendo por la siembra excesiva de balso negro, árbol usado como sombra para cultivos de café. Abejas, hormigas y polillas, entre muchos otros, se ahogan en el néctar de las flores de esta especie. Los más afectados son los apicultores por la evidente disminución de abejas.

Decenas de apicultores de veredas de los municipios de Oiba, San Gil y Socorro, en el departamento de Santander, están alarmados por la disminución de abejas en los últimos dos años, lo que ha repercutido en la producción de miel, propóleo, cera, apitoxina (veneno), jalea y polen.
 
Según los afectados, en poco tiempo la zona dejaría de ser una de las principales despensas mieleras del país. Y no es para menos, los apiarios (que tienen entre 20 y 22 colmenas, cada una con hasta 80 mil individuos) están siendo ocupados tan solo a la mitad de su capacidad. Como consecuencia, polillas y comejenes destruyen las cámaras de crianza (celdas hexagonales donde se crían las obreras y los zánganos), se comen la cera y los pocos recursos acumulados en el panal.
cada panal puede albergar hasta 80 mil abejas. En Santander algunos solo llegan a tener la mitad. foto: archivo particular
Cada panal puede albergar hasta 80 mil abejas. En Santander algunos solo llegan a tener la mitad. foto: archivo particular
El profesor Jorge Tello, director del Grupo Apícola de la Facultad de Medicina y Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, en asocio con el Sena, Corpoica, el ICA y la Secretaría de Agricultura de Santander, entre otras organizaciones, indagó  sobre la considerable disminución del censo de enjambres en la región.
Una investigación de campo develó que no solo abejas sino también hormigas, avispas, polillas, escarabajos, saltamontes y hasta colibríes se están ahogando en el néctar de las flores del balso negro (Ochroma pyramidale), que sirve de sombra para los cultivos de café en el país.
El árbol mide hasta 25 metros, es de tronco grueso y de madera liviana, resistente y duradera. Según la indagación, cada ejemplar produce hasta 500 flores que se caracterizan por secretar gran cantidad de néctar, del cual se alimentan murciélagos nectarívoros, que, a su vez, son los polinizadores naturales de la especie.
El profesor Tello indica que los caficultores han plantado el balso negro sin asesoramiento técnico, lo que ha llevado a que se siembren hasta 80 árboles por hectárea, cuando en su ambiente natural solo hay un ejemplar en ese mismo espacio. “Se convirtió casi en un monocultivo que ha provocado una sobreoferta de néctar para la fauna regional” afirma el investigador.
El descubrimiento
Para determinar cómo este factor perturbaba a los insectos, el científico alimentó grupos de abejas con el néctar, realizó tres ensayos in vitro y comprobó que no era una sustancia tóxica. Se detectó que posee un aroma y sabor que atrae a las abejas, con una concentración no muy elevada de azúcares del 12%, aproximadamente.
No obstante, el interrogante seguía: ¿por qué abejas y otros animales se ahogan dentro de las flores? Entonces, analizó la estructura de la flor y allí encontró la respuesta, a saber, su estructura en forma de trompeta. Se trata de una trampa natural donde el insecto no puede aferrarse a los pétalos, resbala como en un tobogán y cae en una piscina repleta de néctar pegajoso del cual no puede desprenderse.
Las flores tienen un promedio de nueve centímetros de largo y pueden producir, en una noche, entre cinco y siete centímetros cúbicos de néctar. Además, los investigadores han contabilizado hasta treinta insectos sumergidos en una flor, incluidas abejas nativas, Apis y africanizadas, así como hormigas, avispas, polillas, escarabajos y saltamontes.
Otro factor que agrava la situación es que los pobladores cazan de forma indiscriminada a los murciélagos que se alimentan del néctar, pues los confunden con otras especies que chupan la sangre del ganado. Estos mamíferos voladores, al tener un estómago mucho más grande, sorben el líquido y no lo dejan acumular, algo que debido a la cacería no sucede en la actualidad.  
Amenaza doble
El investigador de la UN asegura que el cultivo indiscriminado de balso negro comprometerá seriamente al ecosistema local, debido a que no habrá insectos que polinicen las plantas. Como consecuencia, escasearán las semillas que permiten recomponer el bosque; incluso, cultivos que dependen de la polinización, como el café y algunos frutales, ya se ven afectados.
Si bien, la regeneración vegetal se puede dar por la autopolinización, el profesor Tello explica que esto ocasionaría endogamia, un fenómeno indeseado en la naturaleza  que hace que los árboles se crucen con ejemplares muy cercanos genéticamente, reproduciendo vástagos que portan características nodeseadas. A la larga, se disminuye la calidad de los nuevos individuos al punto de no poder reproducirse.
Por otro lado, la seguridad alimentaria se vería afectada. Si un árbol de mango de 50 años de edad, con 30 metros de altura, tiene 200 millones de flores y produce entre 15 mil o 20 mil frutos, con la ausencia de insectos polinizadores esa cantidad se reduciría significativamente, hasta podría dejar de producir. La misma situación afrontarían las plantas de mora, fresa, manzana, pera, durazno, maracuyá y uchuva, entre otras.
Soluciones a la vista
El primer correctivo que se debería tomar es destruir los viveros con plántulas de balso y no sembrarlo más. La otra opción es eliminar los que ya están en pie y cambiar la sombra que cubre el café por otros árboles que no causen daño, como guamo y nogal, cuya madera es valiosa industrialmente.
La recomendación que hacen los expertos a las autoridades ambientales y a las agremiaciones, incluidos los cafeteros, es que antes de expandir prácticas agrícolas masivas, como el uso del balso, acudan a la academia y a sus científicos para valorar los efectos que podrían tener esas decisiones.
Según el profesor Tello, por ahora reina un silencio administrativo por parte del Ministerio de Agricultura y de la Federación Nacional de Cafeteros. “Ellos tienen el informe de la situación en Santander, solo se espera que se fije una normativa rigurosa sobre la siembra de este árbol en densidades similares a las naturales y no como un monocultivo”.
Si esto no se hace, advierte el profesor Tello, habrá una verdadera catástrofe ecológica.
Fuente: UN Periódico Edición No. 176. UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA.

lunes, 5 de mayo de 2014

SUBPRODUCTO DEL ETANOL FERTILIZA SUELOS DEL VALLE.

12 de Abril de 2014.
Por: Jeinst Campo Rivera, Unimedios

Un estudio determinó que la aplicación controlada de vinazas (subproducto del etanol) en suelos salinizados desplaza el peligroso sodio que vuelve infértiles los terrenos, además, fortalece sus características biológicas. Por cada litro de producción de alcohol carburante, se originan 10 litros de vinazas.

Los suelos del valle del cauca son unos de los más productivos del país, pero a la vez los más vulnerables a degradarse por su sobreuso. Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios
Los suelos del valle del cauca son unos de los más productivos del país, pero a la vez los más vulnerables a degradarse por su sobre uso. Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios.
En el Valle del Cauca se producen elevadas cantidades de vinaza, residuo orgánico de la producción de etanol con caña de azúcar. Se caracterizan por un pH ácido, por elevados contenidos de carbono orgánico, potasio, calcio, magnesio, azufre y una alta concentración electrolítica (excelente conductor eléctrico). Estas propiedades se utilizan principalmente para suplir los requerimientos nutricionales de los cañaduzales.
 
Según el profesor Juan Carlos Menjivar Flores, investigador de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira, por su elevado contenido de potasio, las vinazas son una alternativa como fertilizante para corregir problemas de salinidad en el suelo.
Afirma que es necesario evaluar los cambios en el porcentaje de sodio intercambiable (PSI) y la relación de absorción de sodio (RAS) de los suelos para conocer su efectividad en la recuperación.
Es necesario aclarar que en terrenos sódicos las partículas de arcilla tienden a separarse, pues las fuerzas que las mantienen unidas se interrumpen por los iones de sodio. Esas partículas dispersas bloquean los poros de hidratación, por lo tanto, el agua se estanca o anega y no llega a las plantas.
Para examinar este asunto, el estudiante César Augusto Gasca, de la Maestría en Ciencias Agrarias de la un, emprendió una investigación con vinazas para determinar de qué forma se pueden recuperar las superficies salinizadas del Valle.
Ayuda para los terrenos secos
En la mayoría de los casos, los problemas de degradación física, química y biológica del suelo son el resultado de prácticas intensivas de labranza y fertilización, como también del riego inadecuado, explica el profesor Menjivar.
Sin embargo, en los últimos años se han identificado factores que influyen drásticamente en los ecosistemas, lo que altera los procesos de descomposición y disponibilidad de nutrientes. Uno de ellos es el ocasionado por el sodio (Na) y las sales en general, que hacen parte de los fertilizantes de síntesis química que inhiben la dinámica propia de la tierra.
Esto se evidencia en las regiones áridas y semiáridas, donde la precipitación anual es insuficiente para que estos elementos químicos se disuelvan de forma efectiva. En vez de ello, se acumulan cantidades que son perjudiciales para los cultivos, pues afectan la evapotranspiración de las plantas, rom piendo los ciclos normales de pérdida de humedad por evaporación y la disminución de agua por la transpiración vegetal.
Evaluamos la vinaza como enmienda para mitigar el efecto del sodio y, simultáneamente, su acción sobre la vida microbiana. Este derivado del etanol posee alta carga electrolítica que actúa como agente que desplaza el Na. A su vez, bajo un buen diseño de drenaje, fue elemento esencial para el lavado y mejoramiento de la estructura del suelo”, dice Gasca.
Producto comprobado
La investigación se realizó en la Hacienda San Carlos, localizada en el municipio de El Cerrito (Valle del Cauca) y administrada por el Ingenio Providencia S.A. Allí, el terreno presentaba severas limitaciones para los procesos de absorción y nutrición de las plantas.
El magíster explica que seleccionaron dos sectores con alto porcentaje de sodio intercambiable (cantidad adsorbida por partículas del suelo), por su alta conductividad electrolítica. Colectaron 12 muestras en cilindros de acero inoxidable de seis pulgadas de diámetro y 50 centímetros de profundidad.
Los científicos agregaron tres dosis de vinaza e hicieron diluciones con el agua de riego para alcanzar distintos niveles de conductividad eléctrica y poder entender la dinámica de la sustancia en la tierra. De esta manera, seleccionaron la mejor dosis para aplicar en campo.
Para el análisis estadístico, implementaron un diseño con bloques completos de suelos al azar y tres repeticiones experimentales. Los resultados del laboratorio permitieron determinar que la vinaza, en dosis apropiadas, es efectiva en la recuperación de cultivos.
Así, el tratamiento en campo permitió identificar que hubo una disminución del sodio intercambiable en el corto período de evaluación. “Esto se dio por la acción del poder electrolítico de la vinaza, la cual posee concentraciones de potasio y calcio suficientes para desplazar el sodio en las áreas evaluadas”, dice el profesor Menjivar.
El investigador asegura que la acción de desplazamiento es más intensa en los primeros 20  centímetros del suelo, debido a la aplicación del método de riego por inundación y su frecuencia.
Enfatiza en que la vinaza permite corregir los problemas de sodicidad y estimula el aumento de cationes solubles del suelo. Esto permite el descenso y depuración del Na por medio del lavado.
La aplicación influyó favorablemente sobre algunas propiedades químicas y biológicas, lo que contribuye al incremento de la biomasa microbial y la actividad biológica del suelo, volviéndolo más fértil. Sin embargo, los científicos aclaran que la vinaza debe aplicarse siempre diluida, ya que de lo contrario tendría un efecto negativo.
Fuente: UN Periódico Edición No. 176. UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA.

lunes, 18 de noviembre de 2013

AGRICULTURA ECOLÓGICA, OPCIÓN PARA UN MODELO SOSTENIBLE.

09 de Noviembre de 2013.
Por: Tomás León Sicard,
Agrólogo e Investigador del Instituto de Estudios Ambientales - Universidad Nacional de Colombia

Mientras en varios países las agriculturas alternativas fortalecen a los campesinos y protegen el ambiente, en Colombia la maraña política, el modelo económico y la ignorancia hacen difícil implantar nuevas formas de desarrollar el sector rural.

Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios
Foto: Andrés Felipe Castaño/Unimedios.
Las reivindicaciones de sectores representativos de gremios agropecuarios del país, durante el reciente paro agrario nacional, muestra preocupaciones ligadas, en su mayor parte, a los ingresos económicos de los productores. Esto es un asunto natural en este tipo de actos sociales, pero son escasas las reflexiones sobre las causas últimas de la profunda crisis del sector.
Pocas manifestaciones hubo en torno al modelo de desarrollo agrario de Colombia, el cual sigue lineamientos generales de apertura económica y tecnológica, esta última muy ligada a la denominada Revolución Verde (RV), a través de innovaciones en fitoquímica, mejoramiento genético y maquinaria agrícola.
A pesar de que la RV dejó ventajas significativas como el rendimiento creciente por hectárea y la reducción de las superficies sembradas; existen críticas a este modelo en relación con la contaminación de suelos y aguas, la reducción de la biodiversidad, la erosión y la polarización de las sociedades agrarias.
Como consecuencia, desde los años ochenta aparecieron movimientos alternativos, entre ellos los de agricultura ecológica (AE), que plantean paradigmas diferentes en la concepción científica y en las maneras de ejercer la actividad. Estos grupos han tomado varios nombres en función de su naturaleza, principios y métodos (agriculturas naturales o de cero intervención, biodinámicas, orgánicas o ecológicas). 
En defensa del ambiente 
La AE se basa, entre otras prácticas agronómicas, en cambiar monocultivos por policultivos, en la disminución de fertilizantes externos, en la promoción del reciclaje de abonos orgánicos producidos en la misma finca y en la eliminación total de plaguicidas y de plantas genéticamente modificadas.
Evidentemente, estas prácticas se ejecutan en relación directa con una constelación de elementos culturales que permiten la ejecución de la AE como práctica alternativa. Estos incluyen la conciencia ambiental de los productores, la disponibilidad de tecnologías alternativas, el acompañamiento institucional y una base filosófica diferente para abordar la producción de alimentos.
La agricultura ecológica y sus similares (la biodinámica o la permacultura) se incrementan en el mundo a tasas cercanas al 20% anual. Esto debido a que la sociedad reconoce sus beneficios, que van desde la salud de los consumidores hasta la disminución de problemas de erosión de suelos, restauración de ecosistemas degradados e, incluso, defensa contra inundaciones y sequías.
Según los expertos Helga Willer y Lukas Kilcher (2011), las hectáreas (ha) dedicadas a todo tipo de agricultura ecológica certificada en el mundo, incluyendo aquellas en reconversión, llegaron en el año 2009 a 37.232.000 ha (en 1999 fueron 11 millones y en 2008, 35,2 millones).
Lo anterior corresponde al 0,9% de las tierras agrícolas del mundo, las cuales se calcula llegan a los 1.500 millones de ha (si se suman las de uso agropecuario y forestal serían 4.900 millones de ha). La penetración de la AE en algunos países es mucho más elevada que el porcentaje mundial; es el caso de las Islas Malvinas (36%), Liechtenstein (27%) y Austria (18,5%).
Una opción viable 
Siete países poseen más del 10% de sus tierras en AE. El dato suministrado incluye casi 12 millones de hectáreas en pastoreo extensivo en Australia. La misma fuente advierte que en estas actividades se ocupaban 1,8 millones de productores (1,4 millones en 2008) en 160 países.
En América Latina, unos 280.000 productores cultivaron 8,6 millones de hectáreas de tierra de manera orgánica en 2009, lo que equivale al 23% del global mundial en AE y al 1,4% de la tierra dedicada a labores agrícolas en el planeta.
Los principales países por hectáreas fueron Argentina (4,4 millones), Brasil (1,8 millones) y Uruguay (930.965). La proporción más alta de tierras agrícolas ecológicas se reportan en las Islas Falkland/Malvinas (35,7%), la República Dominicana (8,3%) y Uruguay (6,3%).
Ahora bien, ¿Podría la Agricultura Ecológica ayudar a resolver parte sustancial de los actuales problemas del sector agropecuario colombiano? La respuesta es un sí rotundo. Si el país decidiera apostar por este camino, que en la actualidad ocupa entre el 1% y 2% de la producción nacional (unas 50.000 ha certificadas), muchos conflictos del sector encontrarían respuestas.
Por ejemplo, la promoción de policultivos diversos y las consecuentes prácticas de no dejar los suelos desnudos, podrían contribuir fuertemente a evitar los derrumbes, deslizamientos e inundaciones en las épocas de lluvias intensas. Esto porque los suelos retendrían más agua y la liberarían lentamente, evitando las crecientes súbitas de los ríos y guardando el líquido en el mismo suelo para los períodos de sequía.
El reciclaje de la materia orgánica en las mismas fincas, hace que ellas se vuelvan autosuficientes y que no requieran la compra continua de fertilizantes o que su adquisición se torne más ocasional y controlada, siempre en función del análisis de suelos.
Este mismo abonamiento orgánico hace que los suelos sean más resistentes a la erosión o a su degradación física y que, nuevamente, el consumo de agua sea más equilibrado, al igual que el aumento de su fertilidad.
El hecho de eliminar los plaguicidas produce altos beneficios, uno de los cuales y, tal vez el más importante, es que los consumidores tengan mejoras en la salud. Así, se reducen las posibilidades de intoxicación crónica o aguda, se bajan las tasas de morbi- y mortalidad y, por ende, se reducen las consultas médicas y las presiones sobre el sistema de seguridad social.
Pero además, al eliminar el uso de plaguicidas (insecticidas, fungicidas, bactericidas y otros) se propicia la proliferación de insectos benéficos que, a su vez, controlan a los denominados insectos-plaga,  reduciendo también la necesidad de comprar productos tóxicos.
Con todo esto, la agricultura ecológica es capaz de asegurar la soberanía alimentaria del país, de generar enormes cantidades de empleo (por lo menos un 30% más que el actual modelo), de incentivar la creatividad para la prosperidad, de aumentar la oferta de productos exportables y, si se quiere, de dar oportunidades para la paz nacional.
La pregunta es ¿por qué si es tan benéfica, no se expande en Colombia con la misma rapidez  que en muchos otros países? Las respuestas, que dan para un debate más amplio, tienen que ver con varios aspectos.
Por un lado, con el modelo económico actual, empujado por empresas transnacionales que poco o nada se interesan en el beneficio social y ambiental. Por otro, con decisores políticos que no comprenden aún en qué consiste esta práctica alternativa. Finalmente, con académicos que se oponen a la AE o con comercializadores que defienden intereses establecidos.
Lo cierto es que la agricultura ecológica es, a juicio de muchos expertos, la solución para los problemas estructurales del país rural y urbano.
Fuente: UN Periódico Edición No. 172. Universidad Nacional de Colombia.

jueves, 14 de noviembre de 2013

AGROQUÍMICOS ENVENENAN SUELOS EN COLOMBIA.

Nov. 09 de 2013
Por: Sandra Uribe Pérez, Unimedios

En el país se aplican 499,4 kg de fertilizantes de síntesis química por cada hectárea cultivada, mientras que el promedio en América Latina es de 106,9 kg. El resultado de este exceso es mayor erosión de los suelos y menor productividad. Ante dicha problemática, la agroecología se presenta como una solución efectiva y menos costosa.

Pese a la promulgación del Decreto 1988 de 2013 (medida de emergencia que dio salida al paro agrario) no deja de ser alarmante el costo de los agroinsumos en Colombia, pues sobrepasan entre un 30% y un 50% el precio mundial. Además, siguen siendo controlados por monopolios sin una efectiva regulación por parte del Gobierno.

Esto incide negativamente en los costos de producción de los campesinos, quienes gastan entre un 30% y un 40% de su presupuesto en plaguicidas y fertilizantes de síntesis química industrial (úrea, fosfato diamónico y cloruro de potasio, entre otros) para suplir los requerimientos de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K) de sus cultivos.
Más escandaloso es que en el país se apliquen 499,4 kg de estos fertilizantes por cada hectárea de tierra cultivable, mientras que el promedio en América Latina es de 106,9 kg por hectárea (ver infográfico). Peor aún es que no se tomen medidas frente a esta situación.
Esto es evidencia de la dependencia compulsiva de los agricultores nacionales hacia los agroquímicos, algo que afecta al bolsillo, al ambiente y a la salud. Asimismo, deja serias dudas sobre qué tanto se conocen las características y requerimientos nutricionales de los suelos colombianos.
Apoyo tecnológico e investigación 
Según Carlos Fonseca Zárate, exdirector de Colciencias, este panorama debe llevar a retomar la investigación en el campo basada en la ciencia y la transferencia tecnológica, incluidas algunas eco y biotecnologías beneficiosas para los productores agrarios. Dice que las posibilidades se abren ahora que “el 25% de los recursos solicitados por los departamentos en los proyectos de regalías son para el sector agropecuario”.
De cara a la competencia internacional a la que han sido expuestos los agricultores a partir de la firma de los TLC, es clave dar mucho más acompañamiento en ciencia, tecnología e innovación, a la par que se toman decisiones acerca de la investigación que se debe hacer. Esto con el fin de superar la gran desventaja en la que se encuentran nuestros campesinos frente a Estados Unidos y Europa, donde sí cuentan con subvenciones del Gobierno.
En este sentido, Fonseca menciona que, por ejemplo, no hay estudios en profundidad con respecto a los lugares donde podría hallarse roca fosfórica en el país. Por otra parte, recuerda que este territorio –el más biodiverso del mundo por metro cuadrado– tiene muchas posibilidades de hallar microorganismos fijadores de nitrógeno (N2), esencial para el crecimiento vegetal. 
Los fertilizantes orgánicos son una alternativa viable en Colombia, pero falta apoyo oficial para que sean más utilizados. - Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios
Los fertilizantes orgánicos son una alternativa viable en Colombia, pero falta apoyo oficial para que sean más utilizados. - Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios
Dependencia y ambiente 
Existen opciones como la agricultura biológica y la agroecología para que la economía campesina no dependa de insumos nocivos ni de las fluctuaciones del mercado o la cotización del petróleo (para producir úrea, por ejemplo, se requiere una enorme cantidad de la energía que se obtiene a partir de este combustible fósil).
Además de la ventaja en los costos, no utilizar dichos fertilizantes contribuiría a mejorar las propiedades del suelo y a garantizar productos competitivos en el creciente mercado mundial de los orgánicos. Por ejemplo, favorecer una alimentación sana e incluso contribuir a la mitigación del cambio climático y a la regulación de algunas plagas que pueden ser estimuladas por la excesiva presencia de nutrientes como el nitrógeno.
Otro aspecto importante es el cuidado del ambiente. La profesora Marina Sánchez de Prager, del Grupo de Investigación en Agroecología (GIA) de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira, advierte que hay un abuso en el uso del nitrógeno y el fósforo. De hecho, las mismas empresas de agroquímicos reconocen que de cada kilogramo de fertilizante aplicado, la planta solo toma alrededor del 40%; el restante 60% se pierde por diferentes vías que contaminan el agua y el aire.
Según la experta, a esto se suma la sedimentación del mar y las afectaciones a la salud. De otro lado, el exceso de nitrógeno en forma amoniacal (uno de los gases de efecto invernadero), hace que se produzca CO2 e incluso llega a quemar las plantas.
Tomás León Sicard, docente del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UN, asegura que el uso excesivo de agroquímicos se debe a su relativo éxito en la producción agrícola. No obstante, la incorporación de sustancias ricas en nitrógeno, fósforo y potasio genera desbalances en la disponibilidad de otros nutrientes y ello, a su vez, puede causar desequilibrios (como exagerada producción de azúcares en las plantas). Lo anterior se traduce en problemas
fitosanitarios que para ser controlados requieren otro elemento del mismo modelo: los plaguicidas.  
 
 
Otras prácticas en el agro 
Pensando en todo esto, desde hace cerca de 20 años la UN busca nuevas alternativas y  experimenta con insumos como la materia orgánica que producen las fincas (compostaje) o la biomasa que se recicla (hojas, malezas, restos de la floración y la fructificación que se convierten en masa muerta y, luego, en nutrientes).
Mediante estas vías se contribuye a suplir las necesidades o desequilibrios resultantes del uso de agroquímicos.
Además de estas estrategias, se realizan prácticas y se comparten con los agricultores técnicas para preparar y usar el compost adecuadamente.
Otra posibilidad efectiva es la tecnología agroecológica de los abonos verdes (AV). La profesora Sánchez explica que esta práctica consiste en utilizar especies vegetales, especialmente leguminosas, que capturan N2 del aire, lo llevan a formas orgánicas y lo depositan en las plantas y en el suelo, con lo cual este se suple de amonio (NH4) y nitrato (NO3).
Así se proporcionan contenidos similares a los de fertilizantes de síntesis. Precisamente, en la actualidad hay tres trabajos del Doctorado en Agroecología (desarrollado en la UN en Palmira y en la Universidad de Antioquia) que investigan al respecto.
Algo importante es no olvidar que el suelo está vivo y que existen enormes cantidades de  microorganismos que lo habitan (hongos, bacterias, actinomicetos), que aportan soluciones a las necesidades de las plantas. Según Sánchez y otros investigadores, al utilizar leguminosas en los AV se pueden llevar a cabo procesos de simbiosis, es decir, relaciones beneficiosas entre las raíces y los microorganismos.
Algo en lo que coinciden Fonseca y los profesores Sánchez y León es en la importancia de sembrar biodiversidad en vez de monocultivos, para darle un uso eficiente al suelo. Una alternativa es sembrar maíz y fríjol (o soya y maíz), pues el sistema radical del fríjol ayuda a fijar el nitrógeno e incorporarlo al agroecosistema. Así, poco a poco, se deben suspender los fertilizantes artificiales y mientras dura este proceso, se preparan los abonos orgánicos para disminuir el uso de químicos, de tal modo que no se afecte la producción.
Para certificar el suelo como apto para cultivos orgánicos, se debe esperar una transición de tres años. El ahorro en los costos de los abonos químicos, así como el creciente mercado mundial, que pide alimentos limpios y sanos, puede estimular a los agricultores a involucrarse en esta beneficiosa empresa.
Lograr esto, según el profesor León, es una cuestión de “autonomía” de los productores, pues son ellos quienes disminuyen o eliminan la compra de insumos. De todas maneras, son decisiones que van en contravía de los intereses establecidos y de la acumulación de poder de las grandes empresas transnacionales, productoras y dueñas del monopolio de insumos. 
Más ideas ecológicas 
El profesor León señala otra iniciativa del IDEA, a través de la cual se implementa lo que han llamado la “estructura agroecológica principal de la finca”. Esta estrategia es, en el fondo, una manera de conservar y aumentar la agrobiodiversidad a través de conectores (cercas vivas) externos e internos.
Para ello, se utilizan hileras diversificadas de árboles  que tengan asociadas plantas herbáceas y arbustivas, ojalá con flores, conectadas con corredores de bosque (no se utilizan ni eucalipto ni pino porque evitan el crecimiento de ciertos microorganismos o acidifican el suelo). Esto genera, entre otros efectos positivos, oferta de alimentos y hábitat para diversos insectos benéficos, control de la erosión y disminución de la fuerza del viento. Entre más biodiversidad haya, mucho mejor.
Por otra parte, en el grupo en Microbiología del Suelo de la UN en Medellín, la investigadora Laura Osorno Bedoya aprovecha dos microorganismos que viven en el suelo (Morteriella sp y Aspergillus niger) que son capaces de producir ácidos con propiedades para solubilizar la roca fosfórica con la cual se obtiene un biofertilizante fosfórico.
En otro ámbito investigativo, el grupo interdisciplinario de Biotecnología de Micorrizas Arbusculares de la UN, dirigido por la profesora Alia Rodríguez Villate, demostró que los hongos formadores de micorrizas arbusculares mejoran el rendimiento de los cultivos, en particular el de yuca. Estos reducen en un 50% la aplicación de fertilizantes fosfatados y ayudan a la planta a absorber nutrientes de forma más eficiente.
Asimismo, el Instituto de Biotecnología (IBUN) de la UN, en asocio con la empresa Biocultivos S.A., desarrolló tres biofertilizantes (que ya se encuentran en el mercado), cuyos ingredientes activos son microorganismos que mejoran la nutrición de los cultivos de arroz.
Es importante mencionar que los sistemas agrosilvopastoriles de ganado, desarrollados especialmente por el profesor Enrique Murgueitio y la ONG CIPAV, además de aumentar la cantidad de reses por hectárea (de 1 a 4 o 5), ayudan a enriquecer los suelos degradados.
Fonseca destaca que esto se da gracias a la siembra de arbustos de Leucaena sp, que fijan nitrógeno de la atmósfera (el 79,9% del aire que respiramos es nitrógeno) y forman simbiosis con micorrizas. Otra ventaja es que estos sistemas no permiten la presencia de moscas y aumentan las poblaciones de cucarrones que oxigenan el suelo.
Como se observa, los investigadores tienen la enorme responsabilidad de seguir estudiando la biodiversidad, los suelos y las riquezas del país, ahora que existe la posibilidad de contar con recursos de regalías.
Sin embargo, el Gobierno también tiene que aportar su cuota si realmente le interesa (tal y como se había planteado en las iniciativas del Buen Gobierno) propender por la “seguridad alimentaria y nutricional con base en la vocación agropecuaria del país”, tener “campesinos trabajando y viviendo dignamente en el campo” y “gente próspera, sonriente y segura, que ofrezca productos competitivos en el escenario mundial”.
Fuente: UN Periódico Edición No. 172. Universidad Nacional de Colombia.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

COMPRUEBAN POTENCIAL ANTIOXIDANTE DEL CHONTADURO.

7 de Septiembre de 2013
Por: Jeinst Campo Rivera, Unimedios

Dos tecnologías de última generación permitieron hallar en esta fruta tropical compuestos químicos que funcionan como colorantes y antioxidantes naturales, con gran potencial para la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética.

Los compuestos bioactivos –aquellos que cumplen funciones benéficas para la salud humana y se encuentran presentes de manera natural en el reino vegetal y animal– cobran cada vez más importancia para la industria cosmética, farmacéutica y nutracéutica.

Estos, además de ser sintetizados por el organismo como metabolitos secundarios con funciones de defensa ante enfermedades, son los responsables de las propiedades de color, astringencia (cicatrizante y antiinflamatorio) y sabor de las frutas y hortalizas.
La importancia reside en su particular estructura química que permite capturar unas dañinas moléculas llamadas radicales libres, las cuales actúan como agentes oxidantes que abren el camino al desarrollo de enfermedades crónicas multifactoriales.
Según Hugo Martínez –doctor en Ingeniería de Alimentos y profesor de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira– Colombia y Brasil tienen un inmenso potencial para fomentar una industria de obtención de biocompuestos, gracias a su riqueza en frutas exóticas, en especial de especies subutilizadas como el chontaduro.
Este producto típico del Pacífico colombiano presenta un mesocarpio carnoso y fibroso de color amarillo intenso o anaranjado. El alto valor nutricional se debe a su elevado contenido de fibra, aceites y ß-caroteno, además, a que posee ocho de los veinte aminoácidos esenciales para el humano”, resalta el experto.
Con el objetivo de evaluar la pulpa del chontaduro como materia prima para la obtención de compuestos antioxidantes, Martínez dirigió dos trabajos de grado que le permitieron extraer las propiedades del fruto por medio de dos tecnologías: extracción asistida con microondas (EAM) y CO2 supercrítico (un gas inocuo que sirve para disolver y separar sustancias químicas eficazmente).
El valor nutricional del chontaduro se debe a su elevado contenido de aminoácidos esenciales. - Foto: archivo particular
El valor nutricional del chontaduro se debe a su elevado contenido de aminoácidos esenciales. - Foto: archivo particular.
La extracción 
El primer análisis lo realizó la estudiante Eliana Marcela Vélez, de Ingeniería Agroindustrial; quien, a través de la técnica EAM, obtuvo compuestos fenólicos (micronutrientes propios del reino vegetal importantes para la dieta humana).
Esta técnica consiste en calentar el interior y exterior de una matriz sólida (la pulpa del fruto) con la ayuda de pulsos de microondas y una sustancia que permite disolver las estructuras químicas del material. Las condiciones térmicas que se producen en este proceso (temperaturas que van hasta los 240 grados centígrados) permiten extraer los principios activos de manera selectiva, mejorando la calidad del producto y disminuyendo el impacto ambiental.
El profesor Martínez asegura que los métodos tradicionales para la obtención de este tipo de extractos han limitado su desarrollo y actividad al emplear técnicas que requieren altos tiempos de residencia, grandes cantidades de solventes, uso de calor y agitación, “lo que termina por afectar la calidad del extracto final, provocar la formación de impurezas y afectar la salud humana y del medioambiente”. La tecnología de microondas reduce los tiempos, pues el proceso no dura más de media hora.
También se utilizó la tecnología de fluidos supercríticos como una alternativa para este tipo de extracciones. En este caso se utiliza una autoclave (especie de gran olla a presión) en donde se introduce el material de estudio en un ambiente saturado de CO2. Este trabajo lo adelantó Faber Espinosa, estudiante de Ingeniería Agroindustrial, en colaboración con investigadores de la Universidad Estatal de Campiñas (Brasil).
La técnica utiliza las propiedades de los gases por encima de sus puntos críticos de presión y temperatura para extraer componentes solubles de manera selectiva. En este caso, el dióxido de carbono posee varias ventajas: no es tóxico ni explosivo, está disponible fácilmente, se puede eliminar de forma sencilla, no provoca mayores alteraciones en los biocompuestos y conserva las propiedades biológicas del producto”, afirma Espinosa.
La principal cualidad que se buscó fue el contenido de ß-caroteno, dado que de este compuesto químico se puede obtener vitamina A y una alta actividad antioxidante. Para tal fin, se evaluaron las variables de rendimiento de extracción, los contenidos totales de fenoles, flavonoides y carotenoides (encargados de la pigmentación), así como la actividad antioxidante. 
Mucho potencial 
Con la técnica de CO2 supercrítico fue posible obtener extractos ricos en carotenos. Al analizar el chontaduro amazónico se observó que el contenido de materia seca es más bajo que el del Pacífico, pero con un contenido porcentual más alto de proteína (302%).
Igualmente, el fruto presenta un alto contenido de lípidos (17,73% de su peso total), a causa de su gran contenido de carotenoides, y un elevado rendimiento de extracción”, sostiene el profesor Martínez. (Los lípidos son moléculas orgánicas que funcionan como una batería: acumulan energía, entre otras funciones biológicas vitales para la nutrición humana).
Los contenidos de fibra neutra, carbohidratos y proteínas presentan similitud a los reportados por otros investigadores para diferentes variedades de chontaduro tropical colombiano y permiten asumir potencialidades diversas en la agroindustrialización del mismo.
Aunque los extractos obtuvieron una actividad antioxidante comparable con la del ácido cafeico comercial (lo cual potencializa su uso), la importancia primaria del ß-caroteno radica en ser el precursor de la Vitamina A, que otorga diversos beneficios al funcionamiento del organismo humano.
Adicionalmente, su potencial como colorante natural hace de este biocompuesto una alternativa para la obtención de productos alimentarios (nutracéuticos), farmacéuticos e incluso cosméticos de alto potencial”, concluye Espinosa.
Estas evidencias científicas respaldan la sabiduría popular que ha exaltado al chontaduro como un alimento poderoso y hasta afrodisíaco.
Fuente: UN Periódico. Edición No. 170.

lunes, 16 de septiembre de 2013

CREMA DE QUINUA CON SABOR A TAMAL.

7 de Septiembre de 2013
Por: Sandra Uribe Pérez, Unimedios

Este cultivo andino que por sus bondades nutricionales ha servido incluso para alimentar a los astronautas, debería incluirse con más frecuencia en la dieta. De cara al panorama de inseguridad alimentaria, se trabaja para mejorar su producción y generar nuevas alternativas alimenticias. Una de ellas es una crema con sabor a tamal.

Faltó poco para que la dominación española y las tradiciones gastronómicas de los conquistadores nos privaran de la quinua (grano sagrado para las culturas ancestrales andinas) que ha sido calificada como alimento “ideal para el ser humano” por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

A pesar de su prohibición y quema lograron sobrevivir más de tres mil variedades de este pseudocereal, quizá gracias a su adaptabilidad a diferentes condiciones agroecológicas (desde el nivel del mar hasta una altitud de 4.000 metros), su resistencia a la sequía y a los suelos pobres o de elevada salinidad, y a su fácil expansión como cultivo.
Por ello, en el actual panorama de inseguridad alimentaria, la quinua (Chenopodium quinoa Willd.) podría convertirse en una alternativa en la lucha contra el hambre y la desnutrición por sus excepcionales cualidades: es una gran fuente de proteína, ácidos grasos y vitaminas, y es el único alimento de origen vegetal que contiene todos los aminoácidos esenciales.
Lo anterior fue suficiente para que la FAO haya declarado el 2013 como el “Año Internacional de la Quinua”. Ahora, el reto mundial es “aumentar la producción de alimentos de calidad para una población creciente en el contexto del cambio climático”. 
Foto: Cortesía Guillermo Corredor
Foto: Cortesía Guillermo Corredor.
Más alimentos 
Este desafío ha sido una de las banderas de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá que, a través de la Facultad de Agronomía y el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA), se ha preocupado durante treinta años por mejorar las prácticas para el desarrollo de los cultivos y la producción de alimentos con base en la quinua.
En este proceso se han emprendido trabajos conjuntos con otras entidades. Tal es el caso del “Proyecto Quinua: cultivo multipropósito para los países andinos. Perú, Bolivia y Colombia (2006)”, que se llevó a cabo entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Fundación Proinpa, de Bolivia; el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología  (Concytec), de Perú; la Universidad Nacional del Altiplano, de Perú; y la UN.
El objetivo fue evaluar diversos materiales genéticos, desde el punto de vista agronómico y agroindustrial, para el desarrollo de innovadores productos, explica Guillermo Corredor, doctor en Ciencias Agropecuarias y profesor pensionado de la UN.
La idea de la Institución ha sido diversificar para llegar a diferentes paladares, pero cumpliendo con las exigencias nutricionales. Según Arturo Romero, investigador de la UN y magíster en Ciencias y Tecnología de Alimentos, entre otros productos enriquecidos se han desarrollado harinas, pastas, extruidos, néctar de frutas, hojuelas y productos de panificación entre otros. Todo esto, a partir de mezclas vegetales (diferentes cereales y quinua) que buscan hallar las proporciones adecuadas para balancear los alimentos en sus diversos componentes (proteínas, carbohidratos, grasa, minerales y vitaminas).
Uno de los últimos “hits” del ICTA en cuanto a alimentos enriquecidos y con valor agregado es la crema de quinua con sabor a tamal. Según Romero –uno de sus desarrolladores–, la sensación de probarla es algo raro, por la costumbre de masticar el tamal, pero ahora, este sabor tan colombiano también se puede disfrutar con cuchara. Su preparación (para cuatro porciones) solo se demora diez minutos y tiene la ventaja de ser “un alimento de alto valor biológico, de buena aceptabilidad y que podría conseguirse a un precio razonable”.
Para lograrlo, el grano se lava, se seca, se muele y se tamiza hasta lograr una harina de granulometría fina (de 100 mallas). Luego, se precocciona, junto con la harina del maíz en un extrusor a 130°C por 10 segundos (este equipo funciona con alta temperatura, alta presión, fuerzas de corte, y corto tiempo). El producto sale en forma de hojuelas, que se secan, se muelen y se mezclan con las especias y condimentos que le dan el sabor.
Sin embargo, para que el producto llegue efectivamente al consumidor hace falta asegurar el eslabón universidad-industria a través de una alianza estratégica con una empresa interesada en impulsarlo en el mercado. 
Procesos de transformación y cultivo 
Romero explica que el consumidor interesado en realizar preparaciones con este pseudocereal debería conocer, entre otros aspectos, que hay variedades dulces y amargas (con alta concentración de saponinas, compuestos orgánicos que les confieren este sabor).
Para hacer comestible el grano es necesario desamargarlo (eliminar las saponinas). Esto se logra a través del lavado con agua a 70°C. La proporción es de 1 kg de quinua por 3 litros de agua, que se mezclan por tres minutos para sacar la espuma (saponinas) y retirar las impurezas. Se llevan a cabo entre 3 y 7 lavados dependiendo del grado de saponinas que haya.
El grano se puede secar al sol, para luego producir harina (tan fina como la del trigo). De este  modo es posible sustituirla por cereales, aumentando así el aporte de aminoácidos en la dieta (especialmente lisina y triptófano, deficientes en los cereales) y la calidad de la proteína (mayor cantidad de albúminas y globulina), llegando, incluso, a una concentración similar a la que tienen la carne y la leche.
En cuanto al cultivo, el profesor Corredor refiere que en nuestro país la tendencia es utilizar variedades dulces, como la blanca de Jericó, la blanca de Soracá, la blanca de Chivatá, la Aurora, la Tunkahuan, la Piartal y amargas como la amarilla de Maranganí.
Es clave que, al sembrar, el agricultor ponga atención a la variedad (cada una tiene características diferentes para la preparación de productos), a la semilla (debe estar fresca –1 a 2 meses de cosechada– para que no pierda viabilidad) y al sistema de siembra (si se hace a chorrillo, entre surcos de 50 cm, el crecimiento y la maduración del grano son más uniformes). Para la comercialización, hay mayores beneficios si las variedades no están mezcladas, ya que se puede garantizar el material genético.
Con tantas ventajas solo hace falta que aumente el número de  pequeños agricultores dedicados  a sembrar este grano sagrado y que, a través de diversas preparaciones culinarias con sabores autóctonos se revaloricen las costumbres alimenticias de nuestros ancestros indígenas, que hoy son patrimonio de la humanidad.
Fuente: UN Periódico. Edición No. 170. Universidad Nacional de Colombia.

viernes, 13 de septiembre de 2013

20% MÁS YUCA CON 50% DE MENOS AGROQUÍMICOS.

7 de Septiembre de 2013
Por: Leidy Castaño, Unimedios

Una nueva estrategia agrícola aumenta la producción de yuca al utilizar hongos micorrícicos para capturar el fósforo del suelo de manera más eficiente. El procedimiento, desarrollado por el Grupo Interdisciplinario de Biotecnología de las Micorrizas Arbusculares de la UN, será replicado en países de África subsahariana, lo que contribuirá a la erradicación del hambre.

El informe “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), determinó que para el período 2010-2012 cerca de 870 millones de personas padecían subnutrición crónica; esto representa una octava parte de la población mundial.

El hambre y la desnutrición, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), son el mayor riesgo para la salud: matan más personas cada año que el sida, la malaria y la tuberculosis juntos.
Para poder dar de comer a miles de millones de personas se necesita aumentar el rendimiento de los cultivos hasta en un 100%, ahorrar costos en la producción y garantizar la protección del suelo. Para contribuir a esto, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá junto con la Universidad de Lausanne (Suiza) desarrollaron una tecnología que puede incrementar la producción agrícola en regiones del trópico.
Alia Rodríguez Villate, directora del grupo interdisciplinario de Biotecnología de las Micorrizas Arbusculares, explica que el fósforo es un elemento químico fundamental para que una planta crezca, florezca y dé frutos. El problema es que este nutriente es escaso en los suelos, principalmente en los del trópico, por lo que toca utilizar agroquímicos que en exceso son nocivos para el ambiente. 
Para enfrentar la situación, la profesora Rodríguez y el profesor Ian Sanders de la Universidad europea –financiados por la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia– demostraron que los hongos formadores de micorrizas arbusculares (HFMA) mejoran el rendimiento de los cultivos de yuca y se reduce en un 50% la aplicación de fertilizantes fosfatados, usados regularmente por los agricultores de Yopal (Casanare) y Santana (Boyacá).
Las micorrizas son uniones entre una planta y un hongo que permiten una acción benéfica de doble vía (una asociación simbiótica). Esto ayuda a que haya un intercambio de nutrientes y metabolitos (compuestos orgánicos presentes en los organismos), que deriva en un mejor crecimiento del vegetal.
Se estima que las reservas de fósforo en el mundo se agotarán en unos cuarenta años; la mayoría están en manos de China y
EE. UU. En la actualidad, la agricultura colombiana depende de esa limitada producción, lo que hace costosas las fertilizaciones. 

 
Organismo benéfico 
Los hongos formadores de micorrizas arbusculares forman una extensa red gracias a unos filamentos muy delgados que colonizan la planta y luego se irradian hacia el suelo. Tienen la capacidad de absorber nutrientes de manera más eficiente que las raíces. Por eso, cuando trabajan en simbiosis, el vegetal multiplica en miles de veces su eficiencia en la captura de fósforo del suelo.
En el mundo, el 40% de los suelos son ácidos, con pocos nutrientes, el fósforo aplicado se fija fácil y tienen alta concentración de aluminio. Además, están ubicados en el trópico y son los que más se utilizan para producir alimentos. De ahí la importancia de desarrollar técnicas sostenibles ambientalmente. Los municipios de Yopal y Santana fueron elegidos para el estudio porque sus superficies tienen estas mismas características.
La investigación de la UN se realizó en campo. Se siguió el crecimiento del cultivo de yuca durante doce meses y se observó su comportamiento frente a diferentes factores climáticos como inundaciones y sequías, entre otros.
Se ensayó en dos siembras comerciales de una hectárea (ha) cada una, en donde se midió el rendimiento de la producción de yuca al final del ciclo de la cosecha. Para este seguimiento se contó con la colaboración de agricultores de los dos municipios.
En Yopal, el experimento se realizó en el campus de la Universidad de la Salle; allí se estableció el ensayo con estudiantes campesinos, relata la investigadora. En Santana experimentaron en la finca de un estudiante de la UN. En estos lugares se utilizó, por primera vez en Colombia, un inoculante  comercial, en presentación líquida, producido por una empresa española.
Establecimos los ensayos tal y como lo hacen los campesinos y utilizamos sus técnicas agrícolas; solo les pedimos que nos dejaran ensayar tres dosis de fósforo para el estudio: 100%, 50% y 0%. A los tres tratamientos les pusimos el hongo; al final de los doce meses de cultivo obtuvimos los resultados en la cosecha”.
El tratamiento que produjo mayor eficiencia fue el segundo. “El hongo reemplazó en un 50% al fertilizante y se obtuvo, en promedio, un 20% más de producción de yuca”. Los productores del inoculante concentraron el hongo de manera que se puede usar un mililitro por planta; un frasco de 200 mililitros fue suficiente para una hectárea.
Esa misma efectividad podría ser fundamental para otras siembras, pues la mayoría de las plantas en los ecosistemas templados y tropicales forman simbiosis con los hongos HFMA. Es el caso de plantaciones de importancia mundial como el arroz, la papa, los frutales y los cereales.
Los expertos de la UN indican que hace falta desarrollar este tipo de investigación aplicada en sistemas agrícolas reales para medir el efecto en la producción de alimentos.
La siguiente etapa, según la profesora Rodríguez, es producir nuevas variedades de HFMA, para lo cual se utilizará la tecnología de mejoramiento genético. Esto permitirá obtener cepas más efectivas que la utilizada en esta raíz comestible. Al mismo tiempo, se proyecta extender esta tecnología promisoria, desarrollada en la UN, a diferentes países de la zona tropical de África, en donde la yuca es producida por pequeños agricultores y alimenta a millones de personas.
Fuente: UN Periódico. Edición No. 170. Universidad Nacional de Colombia.

jueves, 15 de agosto de 2013

FRÍJOL CHOCHO SUPERA EN PROTEÍNA A LA SOYA.

10 de Agosto de 2013.
Por: Leidy Castaño, Unimedios

El Lupinus mutabilis es un grano nativo que supera en propiedades nutricionales a otras leguminosas muy usadas. Posee un 51% de proteína, en comparación con uno de cargamanto o bola roja, que apenas llega a un 16%. Además, no necesita fertilizantes y crece en tierras pobres en nutrientes.

El fríjol chocho o Lupinus mutabilis es un grano de origen andino que la mayor parte de la población colombiana desconoce. Hace parte de las especies esenciales de los agroecosistemas tradicionales y contribuye a la sostenibilidad ambiental: aporta un alto contenido de nitrógeno al suelo, sirve como abono verde y protege coberturas.
Quizás su mayor importancia radica en que un 51% del peso total de cada grano es proteína vegetal de alto valor nutricional. Incluso, supera el porcentaje que tiene la soya, que es de un 40%. Esto lo convierte en un alimento fundamental para humanos y animales.
Diego Mauricio Chiguachi Salazar, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá –bajo la dirección del profesor Gustavo Adolfo Ligarreto y el acompañamiento del profesional especializado José Arturo Romero–, llevó a cabo una caracterización agronómica y funcional de cuatro cultivos de la especie para conocer su crecimiento, desarrollo, rendimiento y las características de la harina obtenida de cada una de las variedades.
Según el investigador, es de un gran valor como fuente de proteína para la dieta de la población colombiana, en especial para las personas de bajos ingresos económicos. Además, puede usarse como materia prima para fabricar alimentos para animales, principalmente, aves. 
Mejor y más barato 
Su evaluación agronómica y su caracterización funcional se efectuó en cuatro zonas: dos en Cundinamarca y dos en Boyacá. Se requirió un trabajo multidisciplinar en agronomía, química, procesamiento de alimentos y fundamentación estadística.
Tradicionalmente, ha sido usado como abono verde. Gracias al estudio, se pudieron revelar otras características vitales. Por ejemplo, tiene un rendimiento superior a otras clases, como fríjol soya y arveja (cada hectárea (ha) puede producir hasta siete toneladas). Otra característica es que al procesarlo para obtener harinas consume menos energía con respecto a otros granos.
Por miles de años, ha sido sembrado por comunidades rurales que han comprobado que su cultivo no requiere de ningún tipo de agroquímico ni fertilizante, lo que redunda en un costo menos a la hora de su producción.
Por lo anterior, el fríjol chocho es una alternativa alimentaria para agricultores pobres, generalmente ubicados en suelos con limitaciones de fertilidad y obstáculos para acceder a sistemas de riego.
Según el ingeniero, sus propiedades agronómicas y nutricionales responden a las necesidades del contexto agrario y alimentario colombiano.
La conformación económico-política de la agricultura tiende a agudizar los índices de hambre y sus consecuencias sociales en el país, por lo que cerca del 36% de la población colombiana presenta una dieta deficiente en proteína.
Las plantas de lupinos también han sido utilizadas para restaurar paisajes deteriorados por la acción del hombre. Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios
Las plantas de lupinos también han sido utilizadas para restaurar paisajes deteriorados por la acción del hombre. Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios.
Más granos, menos plagas 
El estudio agronómico comenzó con la siembra en campo abierto —en el área de invernaderos de la Facultad de Agronomía— de las cuatro variedades de L. mutabilis: nacional, jazmín, nacional precoz y verjones.
Entre otros aspectos, el investigador cuantificó el diámetro máximo de las hojas, su número de foliolos (las subdivisiones de la hoja) y la longitud, anchura y número de vainas por planta, para establecer el rendimiento de los cultivos.
El trabajo permitió conocer su variabilidad como insumo para futuros planes de mejoramiento y se reconoció el cultivo más promisorio por rendimiento y vulnerabilidad a plagas y enfermedades.
Para eso, utilizó un diseño experimental de bloques completamente al azar, con cuatro tratamientos y tres repeticiones. La unidad experimental fue de nueve plantas. Se asignó un número a cada planta en tratamiento y repetición. Adicionalmente, se instaló una parcela para los cuatro cultivos y así se establecieron los resultados.
El rendimiento de los estudiados es heterogéneo, siendo mayor en el cultivo de la variedad nacional, seguido por los de precoz, verjones y jazmín.
Con la variedad nacional se obtuvieron hasta 352 vainas por planta y 177 gramos de grano para un rendimiento de 1,69 toneladas por hectárea. Además, se utilizó una densidad de 9.524 plantas por ha, un tercio de la utilizada en cultivos comerciales.
El número de vainas por planta en fríjoles mejorados colombianos varía entre 22 y 66 vainas por planta, por lo que es evidente el mayor rendimiento de L. mutabilis.
Los fríjoles cargamanto y bola roja, dos de los más consumidos en el país, presentan un promedio de 5,5 granos por vaina, es decir, un
11% más que la variedad jazmín, cuyo promedio fue de 4,89.
Uno de los resultados relevantes del estudio fue demostrar que posee temperaturas similares al gluten (utilizado en la panificación), lo que podría facilitar el uso de su harina en esta industria, así como en pastas alimenticias enriquecidas, sin el factor limitante nutricional de dicha proteína en el trigo.
Un país líder en la utilización de este fríjol es Chile, con 45.000 ha sembradas, pero solo para alimentar animales. Por su alto valor proteínico y sus aportes en grasa y fibra, se convirtió en un insumo vital para nutrir salmones de exportación. Por eso, esta variedad, también nativa de Colombia, puede constituirse en una alternativa agrícola y agroindustrial viable para las condiciones del país.
Fuente: UN Periodico. Edición 169. UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA.

martes, 13 de agosto de 2013

CON MALEZAS SE RECUPERARÁ TIERRAS DEGRADADAS.

10 de Agosto de 2013.
Por: Leidy Castaño, Unimedios.

El buchón de agua se ha convertido en un dolor de cabeza para grandes superficies acuáticas, como los embalses, pues se multiplica a gran velocidad y los cubre. Esta planta ahora podrá ser usada como sustrato para restaurar la vegetación de zonas afectadas por la degradación.

Las compañías que construyen proyectos hidroeléctricos causan graves daños a la cobertura vegetal, a la fauna (aves, mamíferos, reptiles, anfibios y peces) y al suelo, debido a que necesitan extensas áreas inundables.
Empresas Públicas de Medellín (EPM) y el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá se unieron para buscar una solución sostenible y duradera al problema.
Acudieron a la planta amazónica Eichhornia crassipes, más conocida como buchón de agua. Esta fue descrita en 1823 por Carl von Martius, naturalista e investigador alemán que estudió la flora de Brasil.
En la actualidad, es considerada una maleza difícil de erradicar, pues se reproduce a gran velocidad sobre ecosistemas lénticos (lagunas, lagos, canales y embalses), cubre toda su superficie y deteriora su oxigenación.
Este vegetal se nutre de aguas contaminadas con altas cargas orgánicas que vierten los hogares y las industrias, lo que favorece su proliferación. Esto ha llevado a invertir altas sumas de dinero para su control, remoción y disposición final.
Paradójicamente, a pesar de su carácter de maleza, puede resultar de gran beneficio para restaurar terrenos degradados por los complejos hidroeléctricos. Por eso, un grupo de biólogos de las dos instituciones evaluaron la viabilidad de la especie para tal fin.
Según Jaime Aguirre Ceballos, profesor titular del ICN, con la investigación se obtuvo una alternativa económica. 
Trabajo de verificación 
Los resultados se consignaron en una guía de campo redactada por los biólogos de la UN Gladys Cárdenas Arévalo, Mauricio Aguilar Puentes, Hernán Sánchez Cruz, Juan Herrera Romero y Jaime Aguirre Ceballos. En ella se detalla todo el proceso experimental y las conclusiones después de nueve meses de muestreos.
El trabajo se desarrolló en un predio de EPM utilizado como botadero, llamado El Encanto, en la vereda del mismo nombre del municipio de Amalfi, ubicado en el nordeste de Antioquia, a 982 metros sobre el nivel del mar.
Es una zona receptora de materiales y aguas de tipo doméstico e industrial que transporta el río Medellín. En sus alrededores también se adelantan actividades de extracción y disposición del buchón removido del embalse, que se acumula en las orillas.
Allí es extraído por maquinaria y llevado al depósito, en donde se deja secar para luego esparcirlo en las tierras que se desean recuperar.
Para evaluar su uso, se efectuaron varios experimentos: determinación del banco de semillas, uso en seco y húmedo de la maleza (raíces, tallos y hojas) y compostaje en procesos de revegetalización. Así, se constató su potencial como sustrato orgánico, lo que beneficia el desarrollo y los procesos de sucesión de la vegetación en la zona. 
Banco de semillas. Para conocer la fuente de propágulos (las semillas en el proceso de sucesión vegetal), se determinó la composición de un banco de semillas de suelo de un relicto de vegetación contigua al área de las parcelas de estudio. Se contaron 584 plantas en sus primeros estadios de desarrollo.
Banco de semillas. Para conocer la fuente de propágulos (las semillas en el proceso de sucesión vegetal), se determinó la composición de un banco de semillas de suelo de un relicto de vegetación contigua al área de las parcelas de estudio. Se contaron 584 plantas en sus primeros estadios de desarrollo.
Mejor metabolismo 
El buchón estimula una mayor cobertura vegetal en menor tiempo, facilita la colonización, el arribo y establecimiento de plantas y evita la erosión producida por el agua.
Todo ello a un bajo costo y con un mantenimiento mínimo. Además, ayuda a recuperar los suelos degradados hasta un 50% más rápido que otros tratamientos.
Al comparar las características físico-químicas del suelo restaurado, se observa que este compost ofrece mayores cantidades de elementos que intervienen en el metabolismo de las plantas para diferentes fines, como el desarrollo de altura, el crecimiento de follaje, la floración y la fructificación.
Esto facilitó el crecimiento en corto tiempo tanto de herbáceas heliófilas (aquellas que necesitan recibir los rayos solares directamente), como de especies arbóreas.
Los investigadores advierten que el uso de este sustrato debe hacerse en áreas de cultivos maderables o plantaciones forestales que no sean objeto de consumo humano, pues su contenido de metales pesados podría afectar la salud de la población (irritaciones de la piel, intoxicaciones y afecciones respiratorias, entre otras) y de la fauna en general.
Las guías que surgieron del estudio fueron socializadas con campesinos del nordeste antioqueño para involucrarlos en los procesos de restauración y establecer recomendaciones de ejecución. 
Compostaje. Los investigadores hicieron un ensayo que comenzó con un volumen de 0,7065 m3 para evaluar el uso del buchón de agua como enmienda orgánica en forma de compost para suelos degradados. Después de 60 días, obtuvieron 0,36 m3 de compost de buchón.
Compostaje. Los investigadores hicieron un ensayo que comenzó con un volumen de 0,7065 m3 para evaluar el uso del buchón de agua como enmienda orgánica en forma de compost para suelos degradados. Después de 60 días, obtuvieron 0,36 m3 de compost de buchón.
Los expertos aseguran que es necesario respetar y conocer la historia de las zonas alteradas antes de intervenirlas, pues el mismo suelo da pistas sobre lo que requiere para ser restaurado.
Los bancos de semillas cercanos al sitio que se piensa recuperar también son fundamentales porque contienen la información sobre el ecosistema.
Finalmente, la mayor recomendación de los biólogos es prevenir: “La mejor recuperación es aquella que no se hace porque el medio ecosistémico no se alteró o porque su daño es mínimo y tiene la oportunidad de recuperarse por sí mismo”.
Sustrato. Para determinar el efecto del uso de la planta como sustrato en procesos de revegetalización, durante nueve meses evaluaron diez tratamientos con buchón. En el experimento registraron 134 especies, siendo el mejor el de planta seca de buchón más suelo. Fotos: archivo particular
Sustrato. Para determinar el efecto del uso de la planta como sustrato en procesos de revegetalización, durante nueve meses evaluaron diez tratamientos con buchón. En el experimento registraron 134 especies, siendo el mejor el de planta seca de buchón más suelo. Fotos: archivo particular.
Fuente: UN Periodico. Edición 169. UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA.